Imagen de fondo: Viexpo (2007). Fotografía digital (2), 125 x 167 cm.que Las infantiles cuatro deberías sillitas comprar no 4Aq35jcSRL, Leonardo Portus.
Plataforma del Departamento de Estudios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio
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Publicación especializada en el campo cultural y artístico desarrollada por el Departamento de Estudios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con la colaboración de destacados investigadores, académicos, gestores y artistas

La influencia del nivel socioeconómico en el consumo cultural en Chile

Modesto Gayo

Doctor en Ciencia Política. Académico de la Universidad Diego Portales.

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1. La relación entre cultura y clase social

La conocida tesis sobre la estructuración clasista del consumo cultural, enraizada de forma particularmente reconocida en la obra de Pierre Bourdieu (1979), ha sido investigada con profusión. De esta literatura podemos derivar la robustez de la relación entre los patrones de participación y gustos culturales y la pertenencia de clase (Bennett et al., 2009). Lo mismo es válido para el caso chileno, en donde hay investigación que, usando los datos recogidos por el Consejo de la Cultura en los años 2004 y 2005, muestra que estas diferencias son muy importantes (Gayo et al., 2009).

Si atendemos a los datos de la Segunda ENPCC

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realizada por el Consejo de la Cultura, obtenemos también una imagen de desigualdad de acuerdo al grupo socioeconómico de pertenencia, es decir, las personas realizan actividades culturales con base en los capitales económicos y educativos que poseen. Por supuesto, esto es independiente de que haya otros factores que también afectan al mismo fenómeno aquí tratado. Sin embargo, la desigualdad tiene perfiles asimétricos: no siempre se da con la misma intensidad y varía su dirección.

En el primer caso, en lo que afecta a su intensidad o al grado en que se produce, podemos ver en el Gráfico 1 la magnitud de las diferencias. Los valores representados por las líneas son el producto de dividir el porcentaje de cada uno de los grupos socioeconómicos por el correspondiente al grupo E, y ello se hizo para todas las actividades culturales propuestas, tomando las que tenían una razón de 2 cuando el numerador de la división era el ABC1. Esto significa que incluimos aquellas en las que existe una diferencia particularmente grande a favor de los grupos que acumulan más educación y recursos económicos. En otras palabras, en torno a estas prácticas se establecerían las mayores brechas entre las clases sociales. En orden de intensidad, de mayor a menor, tendríamos: el cine, las exposiciones de artes visuales, los museos, internet, la lectura de libros, y la danza junto a la lectura de libros de autoayuda.

Si atendemos a la jerarquía que encontramos en función del indicador aplicado, sorprenden varios de los hallazgos. Antes que ningún otro, es interesante observar que el cine se muestra como una actividad muy exclusiva, la más discriminante, cuando comúnmente está en las mentes de muchos como una de las prácticas más democráticas o integradoras. Sin embargo, no es la práctica más distintiva. Por el contrario, el cine es concebido normalmente como una actividad relativamente democrática, en el sentido de interclasista o en donde la mayoría de la población, casi independientemente de su condición socioeconómica, puede encontrarse. Estos datos nos muestran que no es así, y posiblemente la visión que tenemos se debe a que la asistencia al cine no la tenemos asociada a una práctica que exige una disposición estética, corporal o intelectual particularmente refinada. Esto significa que eventualmente, a igualdad de ingresos, el encuentro interclase sería probablemente efectivo o más intenso. En un sentido complementario, este es un caso de expresión cultural en el cual las diferencias se deben en buena medida a la presencia de una barrera de acceso principalmente económica. Entonces, desde un punto de vista económico, el cine no es una actividad tan democrática o accesible como pudiéramos pensar. No depende solo o principalmente del gusto[2].

Un patrón también favorable al ABC1, pero con una intensidad de la diferencia mucho menor entre los distintos grupos socioeconómicos, es el que encontramos para la danza. Si adoptamos la posición de identificar a la misma con las bellas artes o las expresiones artísticas más elevadas, no cabe duda de que nos topamos con la sorpresa de que las razones de los porcentajes muestran unas distancias entre las clases sociales mucho menores. Si aceptamos que la danza, al igual que la pintura, la escultura, la música clásica, entre otras actividades, es un ejemplo de alta sofisticación y legitimidad en el mundo del arte, constatamos que ello no viene acompañado de los más elevados niveles de desigualdad, al menos en los términos que la encuesta recoge, de asistencia a estos espectáculos. En consecuencia, si todo ello es así, podemos llegar a observar la imagen invertida de lo que la tradición de los estudios sobre clase y cultura nos dicen, es decir, en nuestro caso, actividades con menos estatus cultural y aparentemente más incluyentes están asociadas a desigualdades de clase más notorias que otras que han llegado a ser parte de lo que podríamos entender como el cuerpo intelectual y la tradición de la alta cultura.

Adicionalmente a lo ya tratado, es importante destacar aquellos valores que mostraban la relación inversa en las razones calculadas, es decir, una mayor preferencia o participación cuanta menor disponibilidad de recursos. Este patrón se da de forma particularmente significativa en tres actividades: la lectura de cuentos y de libros religiosos, y la descarga de música a través de internet (ver gráfico 2).

 

2. Cifras e imágenes parciales: más allá de la desigualdad

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La desigualdad es una imagen parcial, y lo es porque la misma está acompañada de patrones que son similares independientemente del grupo socioeconómico al que pertenezcan las personas. A este respecto, el Gráfico 3 nos muestra cómo el trazo de las líneas de porcentajes es muy parecido entre todas ellas. Por tanto, la participación en actividades culturales tiene mucho que ver con la naturaleza de cada una de ellas y no solo con la disponibilidad de recursos. Por esta razón, es clave entender estas diferencias cuando pensamos en que aumente el consumo cultural, pues el techo participativo de cada una de las alternativas culturales puede ser muy distinto, y ello por razones que también varían entre las actividades.

Además, como apuntábamos en la sección previa, la desigualdad muestra grados muy distintos. En este sentido, existe un amplio conjunto de actividades en torno a las cuales las diferencias son más suaves o moderadas. De este modo, tendríamos la radio, la televisión, la música, las bibliotecas, la lectura de diarios y de novelas, los programas de radio musicales, de noticias, de opinión y deportivos. Si bien es en parte una cuestión de grado, son estas actividades en las que confluimos las que forman la materia con la que construimos un mundo cultural que compartimos y nos hace sentir miembros de una misma unidad social. Si se quiere, es sobre todo gracias a esta menor diferencia o mayor igualdad que estamos vinculados de forma más cohesionada o amplia a esa entidad simbólica a la que normalmente entendemos como nuestra sociedad.

 

3. Los límites de los instrumentos

 

La encuesta como instrumento para obtener información sobre las personas no nos permite avanzar hacia un entendimiento de las motivaciones o de la subjetividad asociada al consumo. Esto siempre ha sido obtenido mayormente por otras vías, las que por lo común son englobadas en los estudios de naturaleza “cualitativa”. Por tanto, mirando estos datos podemos observar patrones, pero poco podemos saber con precisión sobre las motivaciones subjetivas que están detrás de aquellos. No obstante, del análisis previo podemos derivar que los recursos de los que disponen los individuos influyen fuertemente, aunque de manera parcial y asimétrica, en su consumo cultural.

Una segunda dificultad tiene que ver con la interpretación de la información que estamos recogiendo. A modo de ejemplo, como hemos sostenido previamente, pudiera sorprender que la danza sea una de las actividades en las que haya menos diferencias, dentro del grupo de aquellas para las cuales encontramos que el grupo ABC1 propende a practicarla más. Si aceptamos dicha sorpresa, deberíamos preguntarnos si efectivamente es así o, en otras palabras, qué entienden los encuestados por la asistencia a ver estos espectáculos. ¿O no nos plantea dudas que la danza diferencie menos que acudir al cine o practicar la lectura de libros?

En tercer lugar, es muy importante distinguir entre las preguntas en las que se ofrece al encuestado la posibilidad de evaluar o decidir sobre todas las alternativas, de aquellas relacionadas con las preferencias o la elección de algunas entre un conjunto más numeroso, pues las diferencias pueden deberse más a eso que a una distancia real en términos absolutos. Por ejemplo, podemos preguntarnos en el caso de la lectura de novelas y cuentos: ¿Leen más cuentos las personas de estrato bajo que las que tienen un alto nivel económico? Más bien, pareciera que los primeros prefieren los cuentos a las novelas, frente a lo contrario para los segundos.

Por tanto, es fundamental tener a nuestra disposición un cuestionario o una batería de preguntas que genere las mínimas dudas posibles, y ello enfrenta la dificultad de hacer este trabajo homogéneo desde el punto de vista de la realidad socioeconómica de los encuestados.

 

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4. Conclusiones

 

La desigualdad cultural sigue estando fuertemente asociada a la clase social de pertenencia. Esto sucede en Chile, y es un patrón muy generalizado a nivel internacional. Sin embargo, no es posible simplemente dar esta inequidad por supuesta, pues es asimétrica según actividad y la naturaleza de sus bases es variable. Es por ello que un entendimiento apropiado de la desigualdad socioeconómica en su dimensión cultural es un fenómeno complejo cuyo abordaje desde la política pública requiere la fineza que solo puede proveer una comprensión adecuada de las diferencias de acceso y de las motivaciones diferenciadas.

Pero no es suficiente con insistir una vez tras otra en las desigualdades. También hay espacio para prácticas con respecto a las cuales hay grados relativamente importantes de similitud inter-clase. Esto no debe obviarse, pues es en torno a ellas donde sucederá el encuentro simbólico que permite que en una misma sociedad gran parte de sus miembros puedan identificarse con lo mismo, cuya realización motiva y hace sentido a personas que viven en realidades socioeconómicas muy dispares.

Las prácticas culturales tienen esa doble cara, diferencian e igualan, distancian y aproximan, crean identidad e individualidad y contribuyen a formar grupos y a cohesionar colectividades. Los decisores políticos deben ser conscientes de esta ambigüedad, pues las sociedades actuales, y muy posiblemente muchas de las que nos precedieron, exigen la convivencia de ambas dimensiones.

 

Gráfico 1. Razón de porcentajes para cada actividad tomando como categoría de referencia al grupo socioeconómico E. Valores por encima de 2.Melange Light 1Capazo Evostar Grey Kiddy 7f6gbvYy

 

 

Gráfico 2. Razón de porcentajes para cada actividad tomando como categoría de referencia al grupo socioeconómico E. Valores por debajo de 0,5.

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[1] Este estudio se hizo en el marco del proyecto FONDECYT número 1100523, titulado “La desigualdad cultural y sus determinantes. Un estudio sobre el gusto y la participación cultural en Chile”.

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[2] Aquí nos estamos refiriendo a la asistencia al cine, y no incluimos en nuestra reflexión, ni en los datos ofrecidos, el visionado de películas, pues es claro que los grupos con menos recursos también acceden de forma importante a través del arriendo de las mismas y de la televisión abierta y por cable, además de la compra de productos de venta ilegal.

 

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Bibliografía

Bennett, Tony; Savage, Mike; Silva, Elizabeth; Warde, Alan; Gayo-Cal, Modesto; y Wright, David (2009):

Culture, Class, Distinction, Routledge.

Bourdieu, Pierre (1979): La distinction, Paris, les Éditions de Minuit.

Gayo, Modesto; Teitelboim, Berta; y Méndez, María Luisa (2009a): “Patrones culturales de uso del tiempo libre en Chile. Una aproximación desde la teoría bourdieuana”, revista Universum, año 24, nº 2: pp. 42-72.

CDREAM 36 Bebé 0 Cochecito De Meses Silla Paseo De Plegable N8yvPwOmn0Revista > OC 2 > Artículo 1

Consumo Cultural, Desigualdad Social, Encuesta Participación y Consumo Cultural, Nivel Socioeconómico CDREAM 36 Bebé 0 Cochecito De Meses Silla Paseo De Plegable N8yvPwOmn0

Junio 2011

Modesto Gayo

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Doctor en Ciencia Política. Académico de la Universidad Diego Portales.

 

1. La relación entre cultura y clase social

La conocida tesis sobre la estructuración clasista del consumo cultural, enraizada de forma particularmente reconocida en la obra de Pierre Bourdieu (1979), ha sido investigada con profusión. De esta literatura podemos derivar la robustez de la relación entre los patrones de participación y gustos culturales y la pertenencia de clase (Bennett et al., 2009). Lo mismo es válido para el caso chileno, en donde hay investigación que, usando los datos recogidos por el Consejo de la Cultura en los años 2004 y 2005, muestra que estas diferencias son muy importantes (Gayo et al., 2009).

Si atendemos a los datos de la Segunda ENPCCTuc de de de Tuc Silla la Colección paseo Koala 7gf6by realizada por el Consejo de la Cultura, obtenemos también una imagen de desigualdad de acuerdo al grupo socioeconómico de pertenencia, es decir, las personas realizan actividades culturales con base en los capitales económicos y educativos que poseen. Por supuesto, esto es independiente de que haya otros factores que también afectan al mismo fenómeno aquí tratado. Sin embargo, la desigualdad tiene perfiles asimétricos: no siempre se da con la misma intensidad y varía su dirección.

En el primer caso, en lo que afecta a su intensidad o al grado en que se produce, podemos ver en el Gráfico 1 la magnitud de las diferencias. Los valores representados por las líneas son el producto de dividir el porcentaje de cada uno de los grupos socioeconómicos por el correspondiente al grupo E, y ello se hizo para todas las actividades culturales propuestas, tomando las que tenían una razón de 2 cuando el numerador de la división era el ABC1. Esto significa que incluimos aquellas en las que existe una diferencia particularmente grande a favor de los grupos que acumulan más educación y recursos económicos. En otras palabras, en torno a estas prácticas se establecerían las mayores brechas entre las clases sociales. En orden de intensidad, de mayor a menor, tendríamos: el cine, las exposiciones de artes visuales, los museos, internet, la lectura de libros, y la danza junto a la lectura de libros de autoayuda.

Si atendemos a la jerarquía que encontramos en función del indicador aplicado, sorprenden varios de los hallazgos. Antes que ningún otro, es interesante observar que el cine se muestra como una actividad muy exclusiva, la más discriminante, cuando comúnmente está en las mentes de muchos como una de las prácticas más democráticas o integradoras. Sin embargo, no es la práctica más distintiva. Por el contrario, el cine es concebido normalmente como una actividad relativamente democrática, en el sentido de interclasista o en donde la mayoría de la población, casi independientemente de su condición socioeconómica, puede encontrarse. Estos datos nos muestran que no es así, y posiblemente la visión que tenemos se debe a que la asistencia al cine no la tenemos asociada a una práctica que exige una disposición estética, corporal o intelectual particularmente refinada. Esto significa que eventualmente, a igualdad de ingresos, el encuentro interclase sería probablemente efectivo o más intenso. En un sentido complementario, este es un caso de expresión cultural en el cual las diferencias se deben en buena medida a la presencia de una barrera de acceso principalmente económica. Entonces, desde un punto de vista económico, el cine no es una actividad tan democrática o accesible como pudiéramos pensar. No depende solo o principalmente del gusto[2].

Un patrón también favorable al ABC1, pero con una intensidad de la diferencia mucho menor entre los distintos grupos socioeconómicos, es el que encontramos para la danza. Si adoptamos la posición de identificar a la misma con las bellas artes o las expresiones artísticas más elevadas, no cabe duda de que nos topamos con la sorpresa de que las razones de los porcentajes muestran unas distancias entre las clases sociales mucho menores. Si aceptamos que la danza, al igual que la pintura, la escultura, la música clásica, entre otras actividades, es un ejemplo de alta sofisticación y legitimidad en el mundo del arte, constatamos que ello no viene acompañado de los más elevados niveles de desigualdad, al menos en los términos que la encuesta recoge, de asistencia a estos espectáculos. En consecuencia, si todo ello es así, podemos llegar a observar la imagen invertida de lo que la tradición de los estudios sobre clase y cultura nos dicen, es decir, en nuestro caso, actividades con menos estatus cultural y aparentemente más incluyentes están asociadas a desigualdades de clase más notorias que otras que han llegado a ser parte de lo que podríamos entender como el cuerpo intelectual y la tradición de la alta cultura.

Adicionalmente a lo ya tratado, es importante destacar aquellos valores que mostraban la relación inversa en las razones calculadas, es decir, una mayor preferencia o participación cuanta menor disponibilidad de recursos. Este patrón se da de forma particularmente significativa en tres actividades: la lectura de cuentos y de libros religiosos, y la descarga de música a través de internet (ver gráfico 2).

 

2. Cifras e imágenes parciales: más allá de la desigualdad

 

La desigualdad es una imagen parcial, y lo es porque la misma está acompañada de patrones que son similares independientemente del grupo socioeconómico al que pertenezcan las personas. A este respecto, el Gráfico 3 nos muestra cómo el trazo de las líneas de porcentajes es muy parecido entre todas ellas. Por tanto, la participación en actividades culturales tiene mucho que ver con la naturaleza de cada una de ellas y no solo con la disponibilidad de recursos. Por esta razón, es clave entender estas diferencias cuando pensamos en que aumente el consumo cultural, pues el techo participativo de cada una de las alternativas culturales puede ser muy distinto, y ello por razones que también varían entre las actividades.

Además, como apuntábamos en la sección previa, la desigualdad muestra grados muy distintos. En este sentido, existe un amplio conjunto de actividades en torno a las cuales las diferencias son más suaves o moderadas. De este modo, tendríamos la radio, la televisión, la música, las bibliotecas, la lectura de diarios y de novelas, los programas de radio musicales, de noticias, de opinión y deportivos. Si bien es en parte una cuestión de grado, son estas actividades en las que confluimos las que forman la materia con la que construimos un mundo cultural que compartimos y nos hace sentir miembros de una misma unidad social. Si se quiere, es sobre todo gracias a esta menor diferencia o mayor igualdad que estamos vinculados de forma más cohesionada o amplia a esa entidad simbólica a la que normalmente entendemos como nuestra sociedad.

 

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3. Los límites de los instrumentos

 

La encuesta como instrumento para obtener información sobre las personas no nos permite avanzar hacia un entendimiento de las motivaciones o de la subjetividad asociada al consumo. Esto siempre ha sido obtenido mayormente por otras vías, las que por lo común son englobadas en los estudios de naturaleza “cualitativa”. Por tanto, mirando estos datos podemos observar patrones, pero poco podemos saber con precisión sobre las motivaciones subjetivas que están detrás de aquellos. No obstante, del análisis previo podemos derivar que los recursos de los que disponen los individuos influyen fuertemente, aunque de manera parcial y asimétrica, en su consumo cultural.

Una segunda dificultad tiene que ver con la interpretación de la información que estamos recogiendo. A modo de ejemplo, como hemos sostenido previamente, pudiera sorprender que la danza sea una de las actividades en las que haya menos diferencias, dentro del grupo de aquellas para las cuales encontramos que el grupo ABC1 propende a practicarla más. Si aceptamos dicha sorpresa, deberíamos preguntarnos si efectivamente es así o, en otras palabras, qué entienden los encuestados por la asistencia a ver estos espectáculos. ¿O no nos plantea dudas que la danza diferencie menos que acudir al cine o practicar la lectura de libros?

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4. Conclusiones

 

La desigualdad cultural sigue estando fuertemente asociada a la clase social de pertenencia. Esto sucede en Chile, y es un patrón muy generalizado a nivel internacional. Sin embargo, no es posible simplemente dar esta inequidad por supuesta, pues es asimétrica según actividad y la naturaleza de sus bases es variable. Es por ello que un entendimiento apropiado de la desigualdad socioeconómica en su dimensión cultural es un fenómeno complejo cuyo abordaje desde la política pública requiere la fineza que solo puede proveer una comprensión adecuada de las diferencias de acceso y de las motivaciones diferenciadas.

Pero no es suficiente con insistir una vez tras otra en las desigualdades. También hay espacio para prácticas con respecto a las cuales hay grados relativamente importantes de similitud inter-clase. Esto no debe obviarse, pues es en torno a ellas donde sucederá el encuentro simbólico que permite que en una misma sociedad gran parte de sus miembros puedan identificarse con lo mismo, cuya realización motiva y hace sentido a personas que viven en realidades socioeconómicas muy dispares.

Las prácticas culturales tienen esa doble cara, diferencian e igualan, distancian y aproximan, crean identidad e individualidad y contribuyen a formar grupos y a cohesionar colectividades. Los decisores políticos deben ser conscientes de esta ambigüedad, pues las sociedades actuales, y muy posiblemente muchas de las que nos precedieron, exigen la convivencia de ambas dimensiones.

 

Gráfico 1. Razón de porcentajes para cada actividad tomando como categoría de referencia al grupo socioeconómico E. Valores por encima de 2.

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Gráfico 2. Razón de porcentajes para cada actividad tomando como categoría de referencia al grupo socioeconómico E. Valores por debajo de 0,5.

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[1] Este estudio se hizo en el marco del proyecto FONDECYT número 1100523, titulado “La desigualdad cultural y sus determinantes. Un estudio sobre el gusto y la participación cultural en Chile”.

[2] Aquí nos estamos refiriendo a la asistencia al cine, y no incluimos en nuestra reflexión, ni en los datos ofrecidos, el visionado de películas, pues es claro que los grupos con menos recursos también acceden de forma importante a través del arriendo de las mismas y de la televisión abierta y por cable, además de la compra de productos de venta ilegal.

 

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Bibliografía

Bennett, Tony; Savage, Mike; Silva, Elizabeth; Warde, Alan; Gayo-Cal, Modesto; y Wright, David (2009):

Culture, Class, Distinction, Routledge.

Bourdieu, Pierre (1979): La distinction, Paris, les Éditions de Minuit.

Gayo, Modesto; Teitelboim, Berta; y Méndez, María Luisa (2009a): “Patrones culturales de uso del tiempo libre en Chile. Una aproximación desde la teoría bourdieuana”, revista Universum, año 24, nº 2: pp. 42-72.

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